Permitirme que hoy me sienta poeta. Que refleje mis sentimientos más hondos, más profundos. He querido plasmar las Siete Palabras que Cristo predicó en la Cruz.

Pido perdón de antemano a quien no comparta esta forma de pensar.  Lo hago, lo escribo desde la creencia en un Hombre, y para algunos Dios, que pasó por este mundo haciendo el bien, predicando el amor e intentando cambiarlo. Nada más.

Estoy convencido de que si viniera en estos tiempos lo volverían a crucificar por ser un trasgresor de las normas establecidas.

Feliz Viernes Santo.


Viernes Santo. Tristes calles.
Tambores amordazados.
 Peanas yermas de flores.
Cruces desnudas de nardos.

Cristo baja  de la cruz
para andar sobre el asfalto
y deambula entre algodones
por las ucis del Calvario,
buscando a quien agoniza
la tarde de un Viernes Santo.

Nos disculpa  hoy ante el Padre
 por no saber lo que hacíamos
 pidiendo su compasión
 en la fe de un Viernes Santo.

Acoge la mano inerte
del que muere en solitario
y le ofrece un Paraíso
en la paz del Viernes Santo

A quien pierde hoy a su madre
la suya le da en amparo
y le seca la mirada
de lágrimas en Viernes Santo.

Se desespera como hombre
que se cree abandonado
y  su gemido desgarra
soledad de Viernes Santo.

Quiere ofrecer sus anhelos
al que contempla agotado,
su futuro, su esperanza
en la sed de un Viernes Santo

Acoge a los que comprenden
que todo ya, está acabado
y les da su  fortaleza
con la luz de un Viernes Santo.

Y en las manos de su Padre
deposita un relicario
de suplicios que atormentan
a quien expira en sus brazos.
Y junto a ellos entrega
 su último aliento agotado
 muriendo henchido de amor
 la tarde del Viernes Santo